Después de varios días de reencuentros festivos y de buenas comidas con los amigotes comienzo a despedirme. Recién hace poco pude descargar todas las fotos del camino que he recorrido así que aprovecho para subir unas pocas y comentarles algunas cositas de la ruta que he hecho hasta ahora. En el mapa en la parte de abajo verán todo el recorrido, en bici o en tren o en bus.
Después de llegar en bus hasta Huesca preferí salir pedaleando aunque ya fueran las 16h39. Me dije que si me caía la noche podía dormir donde fuera que esté. Así que comencé a pedalear. Me demoré un poco hasta encontrar la salida de la ciudad pero valió la pena porque subí por el camino viejo hacia Jaca.
El primer pueblo por el que pasé fue Apiés.

Parada forzada para rellenar las botellas y conversar con un par de viejitos del pueblo.
Fue una linda carretera con nada de carros, de subida en gran parte pero con un paisaje precioso.

De ahí preguntando por el camino viejo a Jaca seguí subiendo hasta que cayera la noche. Cerca de Nueno, en un desvío forzado por la construcción de una nueva autopista, vi por primera vez como un perro ayudaba a su viejo amo a guiar un rebaño de borregos. Este señor fue quien me indicó el camino aunque no me aseguró que podría llegar hasta mi destino por esa vía ya que estaban construyendo un túnel y la carretera podría estar cortada más arriba. No perdía nada intentando así que comencé a subir. En efecto estaba cerrada para los carros, pero en bici se podía pasar. En ese camino me sentí realmente solo en el mundo, lejos de todo. No había ni un ruido, ni un pasante; ya ni los borregos lo eran. Seguí pedaleando, atravesando pequeños túneles entre las rocas, siempre junto al río.

Cuando llegué al final de la cuesta, ya con poco tiempo antes de que el sol cayera, preferí buscar un sitio para dormir siguiendo los consejos de un ciclista que me crucé y me comentó sobre el camino que me esperaba. De todos modos ya había pedaleado más de lo que pensaba y el sitio en el que me encontraba se prestaba para pasar una muy buena noche.

Habitación con vista al embalse...
Luego de una noche tranquila emprendí pedal ahora si, destino: Jaca. Quería llegar si o si ese día para llegar a tiempo a la cita con Martín en Pamplona y dar la gran sorpresa a Chevy.
Continué por el camino viejo y abandonado pero esta vez mas bien de bajada (por suerte), entre un robusto bosque de pinos. Mientras por la mañana cargaba con agua mis botellas pregunté a unas mujeres que terminaban de despertar en el patio exterior de su casa si en su pueblo, Arguís, habría una panadería. Yo ya había desayunado, quería un poco de pan para el sánduche del medio día. Pero el panadero solo subía dos veces por semana. En ese momento me dí cuenta que los Aragoneses son más simpáticos que los Catalanes! Pues además de compartirme un gran pedazo de pan se preocuparon mucho por mi al invitarme incluso a comer. Yo ya había comido y preferí seguir pedaleando. Les agradecí mucho por la invitación y por el rico pan que me brindaron. Comencé a pedalear. Quizás debí compartir algo más con ellas...
Después de pasar por Beruel de Rasal llegué a Rasal. Como el camino fue solo de bajada - o casi- comencé a decirme que algún rato me tocaría subir. Y así fue. Cuando llegué el río ya vi la subida hacia Jaca. Eran unos 25 o 30km junto al río. Cuando pregunté el camino a un señor que trabajaba en el jardín de su casa sentí otra vez esa calurosa solidaridad Aragonesa cuando me preguntó: "como vas de aguas?" y al responderle que bien añadió: "ya sabes, si necesitas algo no dudes en decirlo."
Uno pedalea más tranquilo sabiendo que la gente del campo no tiene problema en abrirte sus puertas.
Ya pasaba el medio día y el hambre comenzaba a hacerse presente. Mi merecido descanso y mi merecida comida se encontraron a las orillas del rió junto al antiguo puente de Anzánigo.

Desde ahí hasta Jaca tenía todavía unos 20km. Tres cuartos de subida y uno de bajada. El calor se hacía presente pero mientras más subía más lindo se hacia el paisaje. Y el pequeño camino desértico era testigo de mi lento avanzar y de mis muestras de cansancio.

Ya después del Puerto del Oroel a 1080msnm comenzó la bajada hasta Jaca. Cuando llegué al camping donde pasaría la noche, la recepcionista dijo: "ya me contaron que llegabas sudando". Y es que no se podía no hacerlo, y menos después de los 75km. Qué lindo día, pero qué cansado terminé...un piscinaso se impuso.
Después de llegar en bus hasta Huesca preferí salir pedaleando aunque ya fueran las 16h39. Me dije que si me caía la noche podía dormir donde fuera que esté. Así que comencé a pedalear. Me demoré un poco hasta encontrar la salida de la ciudad pero valió la pena porque subí por el camino viejo hacia Jaca.
El primer pueblo por el que pasé fue Apiés.
Parada forzada para rellenar las botellas y conversar con un par de viejitos del pueblo.
Fue una linda carretera con nada de carros, de subida en gran parte pero con un paisaje precioso.

De ahí preguntando por el camino viejo a Jaca seguí subiendo hasta que cayera la noche. Cerca de Nueno, en un desvío forzado por la construcción de una nueva autopista, vi por primera vez como un perro ayudaba a su viejo amo a guiar un rebaño de borregos. Este señor fue quien me indicó el camino aunque no me aseguró que podría llegar hasta mi destino por esa vía ya que estaban construyendo un túnel y la carretera podría estar cortada más arriba. No perdía nada intentando así que comencé a subir. En efecto estaba cerrada para los carros, pero en bici se podía pasar. En ese camino me sentí realmente solo en el mundo, lejos de todo. No había ni un ruido, ni un pasante; ya ni los borregos lo eran. Seguí pedaleando, atravesando pequeños túneles entre las rocas, siempre junto al río.

Cuando llegué al final de la cuesta, ya con poco tiempo antes de que el sol cayera, preferí buscar un sitio para dormir siguiendo los consejos de un ciclista que me crucé y me comentó sobre el camino que me esperaba. De todos modos ya había pedaleado más de lo que pensaba y el sitio en el que me encontraba se prestaba para pasar una muy buena noche.
Habitación con vista al embalse...
Luego de una noche tranquila emprendí pedal ahora si, destino: Jaca. Quería llegar si o si ese día para llegar a tiempo a la cita con Martín en Pamplona y dar la gran sorpresa a Chevy.
Continué por el camino viejo y abandonado pero esta vez mas bien de bajada (por suerte), entre un robusto bosque de pinos. Mientras por la mañana cargaba con agua mis botellas pregunté a unas mujeres que terminaban de despertar en el patio exterior de su casa si en su pueblo, Arguís, habría una panadería. Yo ya había desayunado, quería un poco de pan para el sánduche del medio día. Pero el panadero solo subía dos veces por semana. En ese momento me dí cuenta que los Aragoneses son más simpáticos que los Catalanes! Pues además de compartirme un gran pedazo de pan se preocuparon mucho por mi al invitarme incluso a comer. Yo ya había comido y preferí seguir pedaleando. Les agradecí mucho por la invitación y por el rico pan que me brindaron. Comencé a pedalear. Quizás debí compartir algo más con ellas...
Después de pasar por Beruel de Rasal llegué a Rasal. Como el camino fue solo de bajada - o casi- comencé a decirme que algún rato me tocaría subir. Y así fue. Cuando llegué el río ya vi la subida hacia Jaca. Eran unos 25 o 30km junto al río. Cuando pregunté el camino a un señor que trabajaba en el jardín de su casa sentí otra vez esa calurosa solidaridad Aragonesa cuando me preguntó: "como vas de aguas?" y al responderle que bien añadió: "ya sabes, si necesitas algo no dudes en decirlo."
Uno pedalea más tranquilo sabiendo que la gente del campo no tiene problema en abrirte sus puertas.
Ya pasaba el medio día y el hambre comenzaba a hacerse presente. Mi merecido descanso y mi merecida comida se encontraron a las orillas del rió junto al antiguo puente de Anzánigo.

Desde ahí hasta Jaca tenía todavía unos 20km. Tres cuartos de subida y uno de bajada. El calor se hacía presente pero mientras más subía más lindo se hacia el paisaje. Y el pequeño camino desértico era testigo de mi lento avanzar y de mis muestras de cansancio.
Ya después del Puerto del Oroel a 1080msnm comenzó la bajada hasta Jaca. Cuando llegué al camping donde pasaría la noche, la recepcionista dijo: "ya me contaron que llegabas sudando". Y es que no se podía no hacerlo, y menos después de los 75km. Qué lindo día, pero qué cansado terminé...un piscinaso se impuso.


